OSWALDO TRUJILLO

Lo que quisiéramos que nos ofrezcan los presidenciables

Lo que quisiéramos que nos ofrezcan los presidenciables

Falta poco para volver a las urnas y elegir a un gobierno que durará apenas un año y medio. Hemos escuchado ofertas pintorescas y promesas que muy difícilmente podrían cumplirse en un periodo normal de 4 años, pero nuestra política siempre ha sido así: espectacular en campaña y especulativa cuando se trata de cumplir lo ofrecido.

 

En lo que toca a la materia judicial, no resulta muy adecuado que quien va a ostentar la primera magistratura de uno de los cinco poderes del Estado haga ofrecimientos que afectan directamente el accionar de otras funciones que, en el papel, son independientes y tienen otros ámbitos de acción, como la administración de justicia, por ejemplo.

 

En ese sentido llama la atención la propuesta del candidato Daniel Noboa, de convocar a una consulta popular para que el electorado se pronuncie sobre el establecimiento de un sistema de jurados para actuar frente al crimen organizado y corrupción, por ejemplo; o la propuesta de la candidata Luisa González de crear un ‘Pacto por la Justicia Independiente e Imparcial’. Sus ofertas pueden lucir muy atractivas pero serán ellos, actores y sectores políticos, quienes las van a ejecutar y en ese accionar se corre el riesgo de manosear aún más la ya corroída institucionalidad ecuatoriana.

 

Y esa es justamente la oferta que quisiéramos escuchar de los dos candidatos: qué harán para reinstitucionalizar el país. Cuál será su plan para, en un año y medio, garantizar la independencia de poderes, la despolitización de entidades como Contraloría, Fiscalía o Consejo de la Judicatura, garantizar la objetividad del accionar de los entes de control, el acatamiento de las disposiciones judiciales, en fin. Cambiar la repugnante política del ‘intervencionismo’ por la voluntad política de luchar permanentemente contra las ‘metidas de mano’ a la justicia, jueces y la propia ley.

 

Esa propuesta tiene más peso y urgencia que convocar a consultas populares o llamar a asambleas constituyentes para comenzar, por enésima vez, desde cero y asistir a una más de las cientos de ‘refundaciones’ que ha vivido nuestro pobre país.

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