OSWALDO TRUJILLO

2022, un año marcado por la violencia

Quizá ya puede parecer una frase hecha el señalar que el 2022 Ecuador vivió su año más violento en la historia. Las cifras ratifican esta situación, pero más allá de la estadística, lo sensato obliga a analizar cuáles son las razones que han desatado una realidad que, al parecer, se ha tornado incontrolable para las instituiones del Estado.

 

Los detonantes son múltiples. El más importante es, quizá, la ausencia de planificación en cuanto a la gestión de la seguridad en el país, tarea que no solo recae en la acción de la fuerza pública, sino que es interdimensional e involucra otros actores muy decisivos como son la administración de justicia, Fiscalía, administración carcelaria, gobiernos locales y, otra muy determinante: la gestión del Gobierno Nacional de manera simultánea y desde diferentes frentes tales como la inclusión social, la provisión de recursos económicos y logísticos, y el liderazgo indiscutible de todo un operativo multidisciplinario que implique el establecimiento de una política de Estado que sea sostenible a largo plazo.

 

Es evidente el fracaso de todos los protagonistas en las diferentes áreas señaladas anteriormente y es justamente ese colapso institucional lo que ha permitido que la nación se convierta en tierra fértil para que el crimen organizado haya desplegado un accionar que, al igual que la anomia multidimensional del Estado, también abarca distintas áreas como el narcotráfico, la delincuencia callejera, la corrupción institucional y el control en los centros de rehabilitación social.

 

Algo de cifras en rojo

La calificación que merece el 2022, no solo nos remite a los números rojos con que se evaluaban a los estudiantes de peor rendimiento en nuestras escuelas y colegios de antaño, sino también como una metáfora ante el creciente derramamiento de sangre que la violencia ha provocado en nuestro país.

 

Entre el 1 de enero y el 2 de noviembre de 2022, las muertes violentas en Ecuador superaron las 3.705 y Esmeraldas fue la provincia con la tasa más alta de homicidios intencionales con 66 muertes por cada 100.000 habitantes. Esta tasa triplica la media nacional, que se incrementó a 20,59 homicidios por cada 100.000 habitantes. A su vez, esa tasa es de cuatro a cinco veces mayor que la que el Ecuador tuvo en 2017 cuando se ubicaba 5,8 muertes violentas por vada 100.000 habitantes.

 

Hasta noviembre de 2022, la denominada zona 8, que comprende los cantones de Guayaquil, Durán y Samborondón registró 1.225 homicidios es decir el doble de los contabilizados en el mismo periodo de 2021. Esto, mientras que en las provincias de Manabí y Los Ríos se han registrado tres veces más muertes violentas hasta noviembre de 2022 que en mismo periodo de 2021.

 

Y no solo eso. El país ha sido testigo de eventos que nunca antes había presenciado, como la ola de atentados que se produjo la madrugada del 01 de noviembre último, en la que nueve hechos violentos ocurrieron casi simultáneamente en Guayaquil y Esmeraldas en donde sucedieron varios estallidos de coches bomba y el acribillamiento a policías. Estos hechos se produjeron debido al traslado de algunos cabecillas de bandas organizadas que permanecían en la Penitenciaría del Litoral.

 

En cuanto a la situación carcelaria, 120 presos murieron asesinados en siete masacres carcelarias ocurridas en el 2022 en seis distintos centro de detención. Las más graves masacres ocurrieron en la carcel de Santo Domingo en donde se produjeron 56 fallecidos.

 

Finalmente, y para no extender aún más este deplorable historial de violencia, el 2022 fue el peor año en cuanto a muertes violentas de mujeres en el Ecuador, con 272 femicidios entre el 1 de enero y el 15 de noviembre de 2022. De esta forma, el país se convierte en un lugar inseguro para las mujeres pues se produce una muerte violenta por razones de género cada 28 horas. Esta estadística podría apreciarse de mejor forma si comprendemos que en mayo de 2022 sucedía uno cada 30 horas y media, mientras que en marzo se estimaba que esa tasa se ubicaba en un femicidio cada 54 horas.

 

El caso más visible de este tipo fue el femicidio de la abogada María Belén Bernal, hecho que presuntamente ocurrió a manos de su esposo, Germán Cáceres, un oficial de policía y que sucedió dentro de las instalaciones de la Escuela Superior de Policía, suceso que continúa causando indignación nacional debido a la impunidad que campea sobre el mismo.

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